Sí, los colores vivos (muy vivos) se llevan juntos (muy juntos). Siguiendo unas reglas, claro

En su libro Concerning the Spiritual In ArtKandinsky dijo que “el color es un poder que influencia directamente al alma”. Quizás la primera reacción sea pensar que se trata de una exageración propia de artista, pero el ruso no estaba, ni mucho menos, desencaminado. ¿Acaso suena extraña la coloroterapia? ¿No se ha analizado hasta la extenuación el uso del blanco por parte del movimiento sufragista y su nuevo papel en las alfombras rojas y carreras presidenciales? ¿Y la importancia del morado cuando lo usó Hilarry Clinton? Si incluso se discutió (y mucho) por quién podía teñir las suelas de sus zapatos de rojo o por si un vestido era blanco y dorado o azul y negro. Sí, los colores influencian e importan y este verano también lo hace cómo se combinan.

Ese último punto, el de la unión de dos o más colores, puede que suene prosaico, pero también es una de esas dudas que se suele googlear sin descanso en busca de respuesta. ¿Cómo se puede estar seguro de que dos colores ‘pegan’? ¿Cuáles son los maridajes que nunca fallan y aseguran un look perfecto? Y así en bucle, sabiendo que cuantos más agentes entren en acción, más se complica la espiral. Si, además, los tonos son (como este verano) tan vibrantes que podrían calificarse de descarados, la hazaña puede antojarse imposible.

La mezcolanza suena (y mucho) a una década a la que una ya tendría que haberse acostumbrado: los 80. Y sí, aquí es en el sentido más puro del tópico que ha sobrevivido al tiempo, el que entronca con las prendas deportivas que lo mismo lucía Jane Fonda que todo el elenco que participaba en esos vídeos de aeróbic que han quedado para siempre en el imaginario popular. Quizás por eso también sea inevitable que Basquiat venga a la mente, que, yendo un poco más atrás, también se piense en Mondrian, e incluso en Yves Saint Laurent. Pero aunque sea fácil caer en el prejuicio de la locura, la realidad tiene más de aquella tendencia del color block que asaltó pasarelas (con el Gucci de Frida Giannini como adalid) que con las obras abstractas.

Teniendo esas premisas en mente y sabiendo que aquí el factor subjetivo juega un importantisimo papel, hay otras cuestiones a tener en cuenta antes de lanzarse a memorizar (y poner en práctica) las mezclas y collages que hemos hecho para ti:

1) Que aunque en la primavera-verano 2011 Gucci apostó por los tríos, tres pueden ser multitud y reducir el grupo a dúos cromáticos facilita la creación de los looks. Y es más que probable que el rosa sea uno de los componentes de la pareja.

2) Que aunque la propuesta de pasarela pase en gran parte por los tonos vívidos, en el día a día pueden empolvarse.

3) Que ante la duda, el recurso de dejar que uno sea el protagonista y otro tiña los detalles es buena idea.

Celeste y naranja

Declinación del anterior y delicada apuesta de Delpozo, las reminiscencias pueden ser clichés referentes al cielo de verano, tan líricos (y un poco cursis) como apetecibles. Su peso estético es alto, muy alto, pero este combo es mucho más versátil de lo que puede parecer de entrada: lo mismo es capaz de adueñarse de tules y organzas para vestidos de noche que de los looks de vocación working. Y eso, para qué mentir, siempre es un plus.

Azul y rojo

Quizás una de las más habituales, sobre todo cuando el azul adquiere tintes marinos. Sin embargo, la consigna es salir de lo evidente subiendo la apuesta, de ahí que Emilio Pucci y su turquesa (¿acaso hay un color más veraniego que el turquesa?) sean la imagen que retener. Sea en ese tono o en otros más pálidos y empolvados, lo importante, tal y como han mostrado pasarelas y street style, es dejar que el azul sea el protagonista y el rojo quede relegado a un igualmente importante segundo plano para teñir detalles.

 

Rosa y verde

De nuevo Delpozo, de nuevo otra combinación que puede traducirse de forma literal a looks diarios prácticos sin (apenas) margen de error, sobre todo cuando el greenery (que, aunque no lo parezca, es el color del 2017) aparece en un estampado mezclado con blanco.

Rosa y morado

Ya se avisó en su momento: la primavera-verano 2017 estaría teñida de rosa. Sin concesiones, y eso que el rojo trató de hacerle sombra en el street style y que el amarillo parece empeñado en hacerse dueño de los vestidos más inspiradores del estío. Pero no. Aunque las combinaciones con los dos anteriores también son objeto de estudio (y para eso hay que continuar haciendo scroll), puede que la propuesta de Balenciaga sea la más inesperada pero también apetecible: junto con morados que pueden ir de los lilas más brillantes hasta los berenjenas más apagados, como el que luce Olivia Palermo.

Rojo y rosa

Si hay una pareja cromática que haya definido la temporada, es esta. Las referencias iban desde Valentino hasta Attico pasando por Gucci y su impacto fue tal que ha llegado a equipararse con la imbatibilidad del blanco y negro con el aliciente de una buena dosis (extra) de carisma. Recuerda que ni siquiera Zara se resistió a ella.

Rojo y morado

Cuando James Sherwood le preguntó a Christian Lacroix cuál era su firma en los diseños, el diseñador respondió con un color: “Digamos… rojo. ¡Algo loco!(100 Contemporary Fashion Designers, Taschen). Las implicaciones del tono son tan universales como conocidas, pero lo que quizás ha resultado inesperado es la combinación que Gvasalia propuso en Balenciaga y que hacía del morado el co-protagonista en esta historia. Si el color se rebaja a lila y se empolva, resultará más accesible.

Rojo/magenta y verde

Con esta combinación puede suceder algo muy parecido a los casos virales del vestido blanco y dorado vs. azul y negro y el del bolso blanco o azul: habrá quien vea el rojo justo como eso, rojo puro y duro, y quien aprecie cierta tendencia a un magenta profundo. En cualquier caso, Phoebe Philo unió ambos en Céline para hacer que las siluetas oversize adquiriesen una nueva dimensión, manteniendo el verde como punto de luz.

Amarillo y rosa

Un combo de los menos ‘ponibles’ en el día a día, al menos cuando el rosa se convierte en un subido fucsia. Sin embargo, si se obvia el azul y el verde que Rochas añade a la mezcla y se cambia ligeramente la saturación y luz de rosa (que se oscurece) y amarillo (que palidece), no será difícil avistar esta pareja.

Fuente: Vogue.es

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