Es fácil ser un icono. Vale, de acuerdo, el camino hasta serlo quizá no lo sea, pero una vez que consigues ese estatusintocable e incontestable, ya no hay mucho más que hacer que ser admirado y deseado. De eso saben mucho el 2.55 (de Chanel), el Birkin (de Hermès), elLady Dior (de Dior), el Knot (de Bottega Veneta)… Todos ellos saben cómo ser perfectos sin llamar demasiado la atención, cómo envejecer como si cada arruga fuera un nuevo capítulo del libro más importante del mundo (tu autobiografía) y cómo alimentar los sueños más grandes de cualquier esteta. Pero eso es fácil, ¿no?

Sin embargo hay un buen puñado de bolsos con nombres desconocidos (o directamente sin ninguno) que, aunque aún no han alcazado la categoría de it, poco tienen que envidiarle a los que sí. Ellos, como los anteriores, también persiguen la excelencia, también buscan los mejores materiales y el diseño más funcional y bello que se pueda imaginar y también aspiran a cumplir uno de los objetivos más ambiciosos que cualquier accesorio se puede proponer:alcanzar la eternidad. Y, aunque entre ellas hay unas cuantas firmas americanas, la mayoría son made in Spain, no sólo por el origen de sus fundadores, sino –y esto es mucho más importante– por su lugar de producción. Una circunstancia que reivindica, sin proponérselo, nuestra tradición artesanal y nuestro amplio background en curtiduría.

Porque quizá el nuevo lujo, el lujo según los millennials, sea más silencioso que nunca. Porque quizá, solo quizá, sea igual de importante la calidad como el misterio, la perfección como el anonimato. Y estos 16  bolsos que lo confirman.

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