Los bañadores de terciopelo son una realidad, y no podemos dejar de mirarlos

 In MODA/BAÑO

La aparente contradicción de la pieza ha dado como resultado una de las piezas más extrañas e hipnóticas del verano

Que bañadores y bikinis son al verano lo que abrigos al invierno es una enorme obviedad, pero quizás no lo sea tanto la auténtica explosión que esta industria está experimentando esta temporada. Ana Poyo lo resumía a la perfección: el vouyerismo intrínseco a Instagram y el deseo que despiertan las estampas idílicas hacen que encontremos en la compra de moda de baño el acceso rápido a la utopía visual. La concatenación sin fin de fotografías que tienen estas piezas como protagonistas provoca, inevitablemente, que esta tengan que renovarse de forma constantemente; de ahí la absoluta diversidad de cortes, colores y estampados. Y materiales, podríamos añadir, porque el último giro de la transformación ha conquistado lo que parecía intocable. Los tejidos de los bañadores y bikinis también cambian, y lo hacen tanto que incluso se cortan sobre terciopelo. Sí, terciopelo. 

La contradicción continúa la estela que dejaron las sandalias de terciopelo y va un paso más allá. ¿Una prenda de verano, destinada a mojarse, que tendría que ser ligera, de terciopelo? ¿Cómo es posible que un tejido eminentemente invernal, grueso y asociado a la opulencia y el resguardo del frío llene un bañador? Sencillamente siéndolo. En un plano puramente estético, sucede exactamente lo mismo que con los zapatos descubiertos: la descontextualización produce una hipnosis superlativa y cuando el terciopelo se tiñe de tonos vivos, el efecto de la luz sobre él es más que fotogénico. Pero es que también funciona en el ámbito de lo práctico. De verdad.

 

 

 

El truco es algo tan sencillo como no usar el terciopelo tradicional, sino uno especial para baño, como han hecho en Robin. La firma de origen español ha utilizado este material, más fino y de secado rápido, para crear un bañador y un bikini en azul empolvado que se han convertido en auténticos hits estivales, como ha sucedido con el dos piezas rosa de Petraswimwear.

 

 

No deja de ser la respuesta obvia a poco que se piense durante un segundo, ya que ciertos cambios en la tela permiten mantener textura y acabados sorteando los escollos adecuados. En definitiva, este terciopelo puede mojarse sin que se estropee y vuelve a su estado original prácticamente con la misma rapidez que cualquier otro, lo que, en cierto modo, trae a la mente los bikinis de crochet que fueron ubicuos el verano pasado. Es cierto que el impacto visual de los de 2017 es mayor, en tanto que el ganchillo (gracias al estilo boho) está más asociado al calor que el terciopelo, pero si se aceptaron aquellos no habría por qué rechazar estos. 

Quizás sea momento de romper prejuicios estéticos antes de la (pen)última visita a la playa, ¿no?

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