El estilo de las Zoettes podría volver, y hay dos razones.

 In MODA/COMPLEMENTOS, MODA/MUJER

Nicole Richie, Lindsay Lohan o Mischa Barton esbozaron, junto a su estilista, Rachel Zoe, el ‘boho-chic’ dosmilero que está a punto de encantarnos de nuevo… y tiene un significado que no esperábamos

 

Hubo un tiempo en el que el adjetivo ‘todopoderosa’ siempre se anteponía al nombre de Rachel Zoe. Hoy continúa con su trabajo, su firma de ropa, su web de consejos de estilo y suma más de 2 millones de seguidores en Instagram, que no está nada mal, pero es que su irrupción en el star system, hace poco más de diez años, fue memorable: se convirtió en la primera estilista que alcanzaba la categoría de celebrity del nuevo milenio. Un título no libre de polémica, como algunos recordarán y de lo que hablaremos más adelante.

Aunque neoyorquina de nacimiento, sus comienzos fueron como los de cualquier mortal. “Hubo un momento en el que pensé que sería una recepcionista durante el resto de mi vida”, dijo en un libro (Getting There: A Book of Mentors, Gillian Zoe Segal, 2015) donde contaba sus inicios. Dejó la Gran Manzana para trasladarse a Los Ángeles, lugar que se convertiría en su base de operaciones y hogar. Con 33 años llegaría su gran momento: vestir a Jennifer Garner en los Oscar de 2004. Era su primera clienta vip y eligió para ella un Valentino vintage que pasaría a la historia… y a Zoe le puso en el mapa. Después llegarían Keira KnightleyEva Mendes Cameron Diaz.

Pero sus aportaciones en la alfombra roja no explican el fenómeno Rachel Zoe. Este se debe a su influencia en el estilo de la calle en la Costa Oeste entre 2005 y 2009 apróximadamente. En un momento estilístico difuso, como el de principios de milenio, en el que las popstars (Christina Aguilera, Britney Spears, Jessica Simpson) marcaban la pauta, apareció ella para sofisticar las imágenes de street style (aunque todavía no se llamaba exactamente así), poner nombre a una nueva serie de prescriptoras en términos de moda y provocar que nacieran webs como ASOS, en cuyo origen –que revelan sus siglas, As Seen On Stars– se basaban, directamente, en copiarlas.

 

 

El estilo de las Zoettes, como se empezaron a llamar sus clientas, era muy reconocible: gafas XXL, bandanas en el pelo o pañuelos de seda sobre los hombros, collares y pulseras de eslabones, camisetas básicas nadadoras con minifaldas vaqueras, maxivestidos de aires folk, sandalias romanas y, por supuesto, un it bag en el brazo. Todo coincidía: gracias a Rachel Zoe habían empezado a surgir nuevos y renovados iconos de estilo (ay, ese título…), al tiempo que las firmas se ponían de acuerdo para, en un momento en el que la industria veía cómo las casas históricas eran absorbidas por holdings, crear productos reconocibles, deseables y vendibles. Fue la época dorada del bolso como accesorios. Motorcycle de Balenciaga, Spy de Fendi, Paddington y Cofferde Chloé, Stam de Marc Jacobs, Muse de Yves Saint Laurent… la lista es interminable. Y no había Zoette sin su it bag.

Pero si hay una de esas clientas que destacaba sobre todas, esa era Nicole Richie. La hija adoptiva de Lionel Richie, la amiga poco agraciada de Paris Hilton… Nicole había sido muchas cosas antes de que Rachel Zoe llegara a su vida, pero fue la estilista la que hizo de la joven un producto, un nombre, un referente, que todavía hoy da sus frutos. Ella estaba detrás de su corte de pelo (adiós, extensiones bicolor), de su estilo, tanto en eventos como en su día a día, cuando era perseguida por paparazzis. Su relación profesional pasó a ser también personal, eran inseparables, y Nicole terminó siendo una versión de su propia estilista. Y aquí llega la polémica: el drástico cambio de peso de la joven reveló que los consejos de Zoe iban más allá del armario. La rumorología de entonces –que hoy estaría basada en un post de Instagram de alguna de sus protagonistas– denunciaba que Nicole llegó a comer, como su mentora, solo tres espárragos al día.

Hoy, con la distancia prudencial que dan los años –más de diez–, somos capaces de valorar aquel fenómeno. La de Rachel Zoe fue la primera escuela no oficial de chicas it, influencers antes de la era Instagram. Y el estilo años 70’s que le caracterizaba invadió todos los estratos de la industria textil, de la alta moda a la low cost. Consultando a Kristy Sears, editora senior de moda mujer en WGSN, examina: “En marcado contraste con el minimalismo de los años noventa, una época tan definida, la moda de los 2000 era un refrito colorido de todo lo que ya habíamos visto antes, remezclado y reconfigurado”. Pero, ¿estaríamos preparados para recuperar ese término mágico, el boho-chic? Hagamos un alto para recordar algo que podría llamarse obviedad: la moda, siempre, siempre, esconde una razón. Nunca nada es porque sí.

 

 

Pero, según la analista de tendencias, el resurgir del estilo bohemio tiene una explicación socio-política. “Después del 11 de septiembre y la guerra de Irak, la moda adoptó el color caqui, los pantalones anchos con bolsillos y otras piezas de aire bélico. No obstante, los sentimientos anti-guerra se tradujeron en la tendencia hippie chic, de este modo, el boho se apoderó de los siguientes años; los maxivestidos con sandalias de gladiador, las faldas de broderie anglaise y los cinturones marroquíes se llevaban con tops de aires gypsies y botas slouch. Todo ello componía el uniforme del verano”, explica la experta, que recuerda un mantra a no perder de vista: “el ciclo de la moda es voluble. Siempre”.

Con todo esto, sacamos a dos conclusiones. 1) La temporal: transcurridos más de diez años del boom del estilo boho chic, Zoettes mediante, ha pasado el tiempo considerable para abrazarlo de nuevo. Porque lo denostamos con la llegada de la segunda década de los dos mil, pero de eso ya han pasado siete años. Y firmas como Philosophy di Lorenzo SerafiniChloé o Dior tienen severas intenciones (en sus colecciones primavera/verano 2017) de recuperar ese estilo. También nuevas marcas que han emergido en los últimos años, como ReformationSezane o Revolve. 2) La política: con el desencanto con los líderes de nuestros tiempos (que, si algo bueno traen, son las manifestaciones artísticas contracultura y la esperanza depositada en las protestas), ¿podría ser el look bohemio, de nuevo, nuestro uniforme de combate? Todo apunta a que sí.

Fuente:vogue.es

 

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